Estaba acá tratando de controlar las pocas cosas que pueden ser controladas (el orden de la playlist Sad Songs, por ejemplo) mientras pensaba en la locura que fue mirar cómo todo a mi alrededor daba vueltas sin sentido. Este fue mi enero. Preguntas aparentemente sin respuestas y la certeza de que la vida es lo que quiere la vida, no lo que quiere una.
Un día estás debajo de una manta mirando la segunda temporada de Squid Game, brazos debidamente entrelazados, segura y satisfecha de que este es tu destino, y el otro estás en una fiesta de dancehall en Badalona con un rumano, un trinitense y un jamaiquino.
Un día pasás 40 minutos batiendo crema con un tenedor, alcanzando el punto perfecto del chantilly para hacer un postre que no salió mal, y el otro estás comprando una entrada para el Primavera Sound Porto mientras balbucea “fuck it”.
En enero aprendí que los planes son solamente planes, algo que puede suceder si el universo así quiere. Y no hay nada que puedas hacer al respecto. También aprendí que quizás algunas preguntas realmente no tengan respuestas. Que tal vez sea esto y nada más. Aprendí que un día estás y el otro ya no. Así, en un parpadear de ojos. Un suspiro y lo que era ya no es más.
Nunca me gustaron las preguntas sin respuestas. El “por qué” sin su “porque”. Entonces lo que hice a lo largo de este interminable mes fue crear mis propias respuestas. Y la verdad que tampoco me salió mal.
En enero taché lugares nuevos de mi lista y resignifiqué otros tantos, tiré a la basura un montón de cosas que no servían para nada e intenté hacer nuevos mejores amigos porque los viejos estaban muy ocupados (no funcionó). El virus que no perdonó a nadie en Barcelona tampoco me dejó ilesa y descubrí que no hay un límite de moco que nuestro pulmón puede llegar a producir en un mismo día. Caminé por los lugares más inhóspitos de Barcelona (¿o era Hospitalet?), reservé una significativa fracción de mis días solamente para mirar memes, consideré la posibilidad de enamorarme de un italiano, de un noruego y también de un vasco, superé mi récord de series vistas en tan solo 31 días y anduve en tranvía por primera vez. No se siente muy distinto de estar dentro de un bus, la verdad.
No tengo la más puta idea de cómo será febrero, solo sé que será más corto y que cuando se termine, habré (sobre)vivido un mes más. Pero no sin antes haber puesto todas mis cosas en valijas otra vez.
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